domingo, 4 de diciembre de 2016

Anécdotas de la Historia(2)

El Tour de Francia, la competición ciclista más famosa del mundo, comenzó a disputarse en el año 1903 y salvo durante las guerras mundiales, ha llegado fielmente verano tras verano. Lógicamente, mucho han cambiado las cosas en este siglo largo de existencia, y acostumbrados a las bicicletas, cascos y tecnología actuales, es sorprendente ver a esos hombres pedaleando con gorros de paja o llevando cruzado sobre el pecho los recambios para las ruedas.

Hippolyte Aucouturier, que ganó en 1904 pero fue descalificado por haber llegado a acuerdos con alguno de los otros 87 corredores.

El corredor Octave Lapize, en 1910, subiendo el Tourmalet. Aquella fue la primera vez en la que el Tour pasó por el mítico puerto.

El ganador del año 1903 y por lo tanto primer ganador del Tour: Maurice Garin. En la foto, fumando un cigarrillo.

Así eran las zonas de avituallamiento en aquella primera edición de 1903. 

Esta foto corresponde a un momento del primer kilómetro de la primera carrera del primer Tour de Francia.
Final de etapa en Burdeos, donde ganó una etapa el primer extranjero en la historia de la carrera. Fue el suizo Charles Laeser.
Maurice Garin, el ganador del Tour de 1903, con chaqueta y gorra blanca. Detrás de él hay corredores con sombreros de paja.
Otra foto del campeón.
Espectadores esperando a los corredores, ya en 1953.
Foto de 1953, con los corredores llevando sus recambios cruzados sobre el pecho y entrando en un circuito.



Este corredor es el italiano Gino Bartali, en 1937. Durante la Segunda Guerra Mundial, Bartali ayudó a los partisanos de su país y ayudó a salvar centenares de vidas de judíos. Ganó el Tour en 1938 y en 1948.
Puesta a punto de la bicicleta y ayuda técnica desde un coche, sin parar de correr.



Imagen del Tour de 1947, el primero tras la Segunda Guerra Mundial. Los corredores dejan a sus espaldas Caen, y en la foto pueden verse claramente los efectos de la guerra sobre la localidad.

Jacques Anquetil subiendo en 1963, sobre una carretera que además de empinada estaba llena de piedras.

Raymond Poulidor, en 1968, se chocó contra una moto de prensa y a pesar de romperse la nariz, consiguió acabar la etapa. Al día siguiente tuvo que abandonar, eso sí.
 En la imagen está el belga Albert Dejonghe subiendo el Tourmalet a pie, lleno de barro. Esa etapa, de 326 kilómetros aquel año, se conoce como el Círculo de la Muerte. A las 22:00 horas, menos de la mitad de los corredores habían llegado a meta y a la mañana siguiente, quedaban 15 aún perdidos.
Fuentes: SpiegelVintage everydayLIF

sábado, 3 de diciembre de 2016

Anécdotas de la Historia(1)

Las películas de Hollywood nos han hecho llegar una imagen de los indios norteamericanos en la que los caballos son esenciales. Los pieles rojas, los pies negros y las demás tribus, cuyos nombres también conocemos gracias al cine en la mayoría de los casos, cabalgaban sobre las llanuras a lomos de caballos, defendiendo sus territorios frente a los colonos y viendo al caballo de hierro echar humo y cruzar su mundo a toda velocidad. Pero esos caballos no estaban allí, en América, desde siempre, sino que llegaron en el siglo XVI y XVII gracias a los españoles. 
Tres jefes Pies negros a caballo en una pradera
Todo se remonta a un documento firmado por los Reyes Católicos en 1493, autorizando la exportación al Nuevo Mundo de caballos. En Europa el caballo había sido un elemento esencial en la vida y, especialmente, en la guerra. Sin ir más lejos, la Edad Media no se comprende sin la caballería. En América, en cambio, no había caballos entonces y cuando los conquistadores españoles comenzaron su alucinante aventura de descubrimiento y conquista, solicitaron a los reyes españoles que autorizaran el envío de algunos animales. 

Los reyes firmaron la cédula que permitía la exportación en ese año, y veinte caballos y cinco yeguas del Reino de Granada cruzaron el Atlántico y llegaron al nuevo continente. La importancia de los caballos para la conquista de América es indudable, pero también se usaron en otras labores y poco a poco fueron ganando terreno, llegando a tener presencia de norte a sur. 

Es de suponer que algunos caballos llegaron a escaparse o quedaron libres por algún motivo, y formaron manadas salvajes, que acabaron siendo la fuente de la que los indios tomaban sus monturas. Con el paso del tiempo, los cimarrones y los mustangs se hicieron parte esencial de la vida de los nativos. Así, los caballos de los pieles rojas, los sioux... provenían de los españoles y llegaron allí, a América, gracias a la autorización de los Reyes Católicos a hacerlo.

Hay algunas teorías que aseguran que hubo caballos en América hace unos 15.000 años, pero llegaron a extinguirse y lo que sí es cierto es que volvieron allí, muy cambiados, con los españoles. También los del sur, los que montaron los gauchos, descienden de animales llevados hasta América por los conquistadores.

Dicho todo esto, y volviendo al mundo del cine, no deja de ser curioso que tantas películas del oeste, como se conoce popularmente a los western, fueran rodadas en el sur de España con los indios montando caballos españoles, pero del siglo XX.